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  • Jue
    02
    Nov
    2017

    Misa de Réquiem en la Basílica de Santa Engracia

    12:00 pmBasílica de Santa Engracia - Zaragoza

    Misa de Réquiem en la Basílica de Santa Engracia

    Estimados lectores y parroquianos de Santa Engracia, cuando D. Julián me presentó, hace ya dos años, la interesante propuesta de interpretar el Réquiem de Mozart el día 2 de noviembre, acogí la idea con entusiasmo ahora sí, también con sumo respeto. Es por ello que ha tardado ese tiempo en madurar y este año ve la luz. La finalidad es interpretar la obra para el contexto en que fue concebida, es decir: dentro de la liturgia de exequias o misa de difuntos. La Celebración se ofrecerá por todos los difuntos de la Ciudad de Zaragoza fallecidos en el año y estará presidida por el Sr. Arzobispo. Pretende ser un acto que se consolide, abriendo su participación a todos aquellos cantores y músicos que quieran sumarse al evento, de modo que se convierta en una cita participativa para honrar a nuestros fallecidos desde el respeto y el arte.

    Me he permitido redactar unas notas para mayor comprensión, primero del rito de la misa de réquiem y, segundo, del Réquiem de Mozart en concreto. Espero con ello ayudar a una mayor y mejor interpretación del acto y su trascendencia.

    El Réquiem de Mozart

    Mors

    Omnia tempus habent,

    Et suis spatiis transeunt universa sub caelo.

    Tempus flendi, et tempus ridendi

    Tempus dilectionis, et tempus odii;

    Tempus belli, et tempus pacis.

    Tempus nascendi, et tempus moriendi.

    La muerte ha sido y es el mayor misterio de la vida del hombre, desde los más antiguos tiempos de la humanidad y hasta la actualidad, por tanto, centro de todo tipo de sistemas filosóficos y, por supuesto, punto clave en la doctrina de las religiones, especialmente, de la católica. La misa de réquiem o misa de difuntos, tiene la significación de despedir a los muertos del mundo terrenal en la liturgia católica:

    “La Iglesia, en las exequias de sus hijos, celebra el misterio pascual, para que quienes por el bautismo fueron incorporados a Cristo, muerto y resucitado, pasen también con él a la vida eterna, primero en el alma, que tendrá que purificarse para entrar en el cielo con los santos y los elegidos, después en el cuerpo, que deberá aguardar la bienaventurada esperanza del avenimiento de Cristo y la resurrección de los muertos”.

    Podríamos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que el Réquiem de Mozart representa el cenit de todo su legado y testamento musical. Todavía hoy nos cuesta creer que en un período no más allá de seis meses pudiese escribir su Concierto para clarinete, La flauta mágica, La clemenza di Tito (en prácticamente quince días), Maurerische Trauermusik, aparte de alguna otra obra menor (Ave verum corpus, K 618, p. ej.). Sin duda, y parafraseando a Robbins Landon, “Mozart se apaga bruscamente a los treinta y cinco años en medio de una actividad portentosa, agotado, sin duda, por el exceso de trabajo, pero quizá aún más por la tensión espiritual de su último período de creación, esa fase de 1791 en la que ya no cabe hablar de madurez ni plenitud, sino tan sólo de superación”.

    La forma del Réquiem de Mozart (en cuanto al orden estrictamente literario o textual) obedece y se ciñe en todo a las directrices emanadas del Concilio de Trento. El contenido del texto que usó Mozart para su composición fue:

    Estructura de la Celebración Eucarística

    I. INTROITO

    Réquiem  (coro y soprano solista)

    II. KYRIE (coro)

    III. SEQUENTIA

    Nº 1  Dies irae  (coro)

    Nº 2  Tuba mirum  (cuarteto solista)

    Nº 3  Rex tremendae  (coro)

    Nº 4  Recordare (cuarteto solista)

    Nº 5  Confutatis  (coro)

    Nº 6  Lacrimosa  (coro)

    IV. OFFERTORIUM

    Nº 1  Domine Jesu  (coro)

    Nº 2  Hostias  (coro)

    V. SANCTUS  (coro)

    VI. BENEDICTUS  (cuarteto solista)

    VII. AGNUS DEI  (coro)

    VIII. COMMUNIO (soprano solista y coro)

    Notas del autor:

    1. Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo. Tiempo de llorar y tiempo de reír. Tiempo de amar y tiempo de odiar. Tiempo de guerra y tiempo de paz. Tiempo de nacer y tiempo de morir. Qo 3
    2.  Ritual de Exequias procedente del Ritual Romano instaurado por el Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II, promulgado por la autoridad del Papa Pablo IV.

     

    Réquiem KV 626 de W. A. Mozart

    En junio de 1791 se presentó en casa de Mozart un desconocido, vestido de gris, que rehusó identificarse y que encargó a Mozart la composición de un réquiem. Le dio un adelanto y quedaron en que regresaría en un mes. Pero el compositor fue llamado desde Praga para escribir la ópera La clemencia de Tito, para festejar la coronación de Leopoldo II. Cuando subía con su esposa al carruaje que los llevaría a esa ciudad, el desconocido se presentó otra vez, preguntando por su encargo. Esto sobrecogió al compositor.

    Más tarde se supo que aquél sombrío personaje era un enviado del conde Franz von Walsegg, cuya esposa había fallecido. El viudo deseaba que Mozart compusiese la misa de réquiem para los funerales de su mujer, pero quería hacer creer a los demás que la obra era suya y por eso permanecía en el anonimato.

    Mozart, obsesionado con la idea de la muerte, desde la de su padre, debilitado por la fatiga y la enfermedad, muy sensible a lo sobrenatural por su vinculación con la francmasonería e impresionado por el aspecto del enviado, terminó por creer que éste era un mensajero del Destino y que el réquiem que iba a componer sería para su propio funeral.

    Mozart al morir, consiguió terminar tan solo tres secciones con el coro y órgano completo: Introitus, Kyrie y Dies Irae. Del resto de la Secuencia sólo dejó las partes instrumentales, el coro, voces solistas y el cifrado del bajo y órgano incompletos, además de anotaciones para su discípulo Franz Xaver Süssmayr. También había indicaciones instrumentales y corales en el Domine Jesu y en el Agnus Dei. No había dejado nada escrito para el Sanctus ni el Communio. Aunque en un principio Constanze pidió al músico de la Corte Joseph Leopold Eybler que terminase el Réquiem, fue su discípulo Süssmayer quien lo acabó (siguiendo las directrices de Mozart), completando las partes faltantes de la instrumentación, agregando música en donde faltaba y componiendo íntegramente el Sanctus. Para el Communio, simplemente utilizó los temas del Introito y el Kyrie, a manera de reexposición, para darle cierta coherencia a la obra.

    Una de las principales influencias de esta obra puede hallarse en el Réquiem de Michael Haydn compuesto en el año 1771 para la muerte del arzobispo de Salzburgo S. C. Schrattenbach.

    Aunque al parecer se tocaron extractos del Réquiem en una misa en memoria de Mozart celebrada el 10 de diciembre de 1791, el estreno de la obra completa se produjo en Viena el 2 de enero de 1793 en un concierto en beneficio de su viuda, Constanze Weber.

    Elenco

    Soprano María Pilar Cubero     

    Alto Sergio García     

    Tenor Pedro Calavia        

    Bajo Fernando Hernández  

     

    Orquesta Tempo Giusto

    Coral Basílica Santa Engracia y Schola Cantorum UniZar

    Órgano: Gregorio Lasierra

    Dirección: Ricardo Soláns